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Serotonina, un tour gastronómico por Francia

La última novela de Michel Houellebecq, un escritor amado y a la vez odiado en su país, propone un viaje tanto por la clásica como por la vez moderna cocina francesa. Y pese a desventuras y periplos trágicos, nos recuerda que siempre hay disponible una mesa y una botella en la que refugiarse.


Por: Alejandro Bidart*

Michel Houellebecq es venerado y detestado en partes iguales por lectores de todo el mundo. Pero nunca pasa inadvertido. Su última novela "Serotonina" es confusa, de a ratos pierde el rumbo, pero jamás aburre. ¿Una de las razones? El magnifico paseo por diversas regiones de su país de origen, en los cuales asoma el amor de los franceses por la alta cocina.

Recreemos el tour que hace el personaje. Florent-Claude Labrouste viaja en su Mercedez Benz mientras repasa viejos amores, con destino incierto. El primer manjar que nos sirve es un arroz con Bogavante en un restaurante de Garrucha, junto a una playa con suave pendiente. Pero inmediatamente nos encontramos eligiendo un Ralais Chateau en el castillo de Brindos, situado en la comuna de Anglet y no lejos de Biarritz. Allí aparece un cóctel de bienvenida, con camareros diligentes y numerosos cannelés y macarons servidos en cuencos de porcelana junto a una botella de Ruinart.

Ya en París, la acción se traslada al Café O'Jules, en la esquina de la rue Bobillot, donde aparecen una magnificas ensaladas con nombres de autor: Jules en el Sur (lechuga, tomates, huevos, gambas, arroz, aceitunas, anchoas, pimiento); Jules en Noruega ( con salmón ahumado, gambas, huevo escalfado, tostadas) ; Jules en la Granja (con jamón del país, queso cantal, patatas salteadas, nueces, huevo duro) y, finalmente, Jules Pastor (lechuga, tomates, queso de cabra caliente, miel y beicon). Y acá el autor editorializa acerca de la convivencia entre la cocina tradicional, representada por la sopa de cebolla gratinada, los filetes de arenque con patatas tibias y el Modernismo (al que llama fooding innovador) representado por las gambas panko en salsa verde y el bagel de Aveyron.

Párrafo aparte para la coctelería. Houellebecq es un amante de las bebidas, y "Serotonina" tiene algunas descripciones etílicas asombrosas: Infierno Verde (Malibú, vodka, leche, zumo de piña, licor de menta); Zombi (ron dorado, crema de albaricoque, zumo de limón y de piña, granadina); y un simplísimo Bobillot Beach (vodka, zumo de piña, sirope de fresa).

Más adelante, una parada técnica en busca de provisiones nos lleva a un famoso hipermercado en el cual el protagonista debe elegir entre varias clases de hummus, como el abugosh premiun, el misadot, el zaatar y el mesabecha. Todos junto a una suculenta sección de sándwichs. Y en el final de la jornada, una cena en el Bistrot du Parisien en la que de su nutrida carta elegimos una cazuela de caracoles de Borgoña con mantequilla de ajo, unas vieiras fritas con aceite de oliva y tagliatelle, una tostada de tuétano con sal de Guérande y una bourride de rape a la provenzal con su alioli. Llegado el momento del postre, merengue con nata y coulis de frambuesas. Otros eligen un clásico: profiteroles con chocolate caliente. Para todos los casos, varias botellas de vino blanco (les dije que Houellebecq ama el buen beber, ¿no?).

Para el final del tour, el autor nos reserva una visita a una bombonería en la región de Bagnoles de Lòrne. Aquí compramos un pastel con mucha cantidad de nata llamado París-Bagnoles, y algunos falsos camemberts de chocolate. Ah, y una botella de vodka polaco de la marca Zubrowka, algunas botellas de Chablis, y licor de pera Williams.

Voy a omitir deliberadamente las menciones que aparecen en la novela hacia algunos productos de la pesca, debido a la complejidad de los nombres que llevan dichas criaturas. A modo de ejemplo les cuento que algunos personajes comen Munidas (?), Clicas (?), Anomias (?) y Scrobicularias (????). Eso sí, las cocinan a la sartén con poco aceite, ajo y pimienta.

Finalizando, debo advertirles que el tono de la narración es trágico, autodestructivo y angustiante. Pero siempre hay disponible una mesa con mantel y una botella en la que refugiarse.

*Ale Bidart trabaja como periodista cultural. Es conductor de "Piso 97" , que se emite por FM Provincia de lunes a viernes de 9 a 13 hs.