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Una excursión por el mejor bar de España

La asociación The World’s 50 Best Bars lo incluyó siete veces consecutivas en su lista y en la actual edición fue ponderado como el sexto mejor bar de la historia.¿Cómo es beberse una copa en el “Dry Martini Bar”? La cronista Ana Paula Arias visitó Barcelona y te lo cuenta.


Por: Ana Paula Arias.

El Barrio del Eixample es elegante, parecido a Recoleta, con edificios de estilo art nouveau y tiendas top. Las calles son un poco más prolijas que en el resto de Barcelona. La zona anticipa el impacto que recibirá quien entre en la atmósfera exquisita del “Dry Martini Bar”. De todas maneras, la escena puede resultar un poco abrumadora.

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La decoración está inspirada en los clubes de caballeros de los años ‘50, con sillones de cuero y paredes revestidas con madera oscura. Un fiel homenaje a la época dorada de la coctelería. El toque moderno se lo dan los dibujos semifigurativos del artista japonés Yoshi Sislay, que intervino el lugar.

Los barmans hacen lo suyo y durante toda la noche lo único que se escucha detrás de la barra es el ruido de los hielos recorriendo la coctelera. A sus espaldas, un espejo tiene grabada la receta original del Dry Martini: ½ medida de gin, ½ medida de vermut Noilly Prat seco, un golpe de bitter orange, perfume de piel de limón y una aceituna.

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Los cócteles cuestan alrededor de 13 euros y las tapas entre 2.5 y 16 euros. Por menos de 20 euros se puede beber un cóctel con una tapa, exactamente el doble de lo que sale en un bar común de la misma ciudad. En la carta ofrecen platos como tortilla de camarones, steak tartare, ostra de Marennes (Francia) o terrina de foie gras. Un menú acorde a las expectativas que genera el nombre "Dry Martini Bar".

En 1978 abrió sus puertas y desde el primer día fue un lugar dedicado a homenajear al cóctel que le dio nombre. De hecho, en un principio fue una “martinería”: sólo se servía Dry Martini. Hoy es posible elegir entre más de 50 bebidas y los mozos aclaran que, aunque no estén todos en la carta, se puede pedir cualquier clásico. Si la elección es el famoso cóctel, el contador que tienen arriba de la barra sumará uno (lleva contados más de un millón desde que abrieron) y con el pedido vendrá un certificado personalizado que constata que el cliente se tomó un Martini.

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Es jueves y es invierno, pero igual la jornada se anima un poco cuando se llena el lugar, alrededor de las 11 de la noche. Entre los habitués siempre está Violeta La Burra, una transformista de la escena under andaluza de la década del ‘80. Vende rosas y recita versos. Se sienta en la barra y habla con todos y todas, es una celebridad que el bar recupera de una época y de un lugar que no les son propios. Pero como todo allí, Violeta habita ese espacio gracias a la transigencia propia del Dry Martini, que permite que coexistan jóvenes con piercings y hombres de saco y corbata.

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Hay una conexión entre lo que fue este bar en su comienzo y lo que es ahora. Una línea conceptual que no se cortó ni siquiera cuando se vendió, en 1996. El empresario y bartender Javier de la Muelas fue quien se hizo cargo y le hizo honor a su historia, convirtiéndolo en el mítico lugar que es hoy. En 2002 abrió en el depósito del bar el restaurante “Speakeasy”, un homenaje a la época de la Ley Seca en los años ‘20 en Estados Unidos, al que sólo se puede acceder a través de una contraseña. En conjunto, las creaciones de Javier de las Muelas son un refugio no sólo para los fans de la alta coctelería, sino para cualquiera que quiera sumergirse en una escena atemporal, que mezcla el encanto del Gran Gatsby con la sobriedad de Mad Men y que, sin embargo, sigue siendo moderno y acogedor.

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De lejos puede parecer que tomar una copa en el “Dry Martini Bar” sea algo propio de una clase media aspiracional. Gente que juega a ser millonaria una noche al mes, para hacerse servir por mozos de traje blanco y corbata y para pedirle al valet que le consiga un taxi cuando llueve. Pero no es así. Su éxito reside en la autenticidad general de la experiencia. No importa si el cliente es visiblemente adinerado, o si se trata de un turista que juntó los euros para conocer el mejor bar de España, quienes atienden ahí saben que todos están por lo mismo: un amor correspondido, un fanatismo por el cóctel perfecto. Y en “Dry Martini Bar” lo van a encontrar.