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Gran Galpón, una estación con cócteles de autor

Inaugurado en septiembre de 2018 en el centro de City Bell, y posicionado como uno de los bares más singulares de la coctelería local, su enorme ambientación remite a una vieja estación de ferrocarril. Una vez dentro, se puede probar desde un tapeo hasta una cena y elegir un tren para cada momento, desde un gin con mix de maracuyá y bitter de pepino hasta un “Bloody Mary” preparado por Gonzalo Cabado.



Por: Juan Manuel Mannarino
Fotos: Hernán Charreun

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Caminar por las veredas de calle Cantilo se volvió una costumbre para los que buscan entre las mejores opciones gastronómicas de City Bell. Afianzado como un polo gastronómico que también atrae a visitantes porteños, las ofertas suelen ir desde hamburgueserías hasta restaurantes pasando por cervecerías, bares y heladerías clásicas.

Es por eso que el convidado ocasional se sorprende cuando, apenas unos metros detrás de Radio Cantilo, y bajo luces tenues, asoma un caserón con dos anfitriones vestidos de gala en la puerta. Nadie se imagina que, tras avanzar por un pequeño jardín al aire libre, las puertas se abren a una sensación tan única como extraña, cuasi cinematográfica, como si por un momento apareciera Jack Nicholson sentado en la barra del hotel de “El Resplandor”. Lo primero que se ve, en efecto, es una barra gigante, mozos y bartenders que pululan entre sillones antiguos y mesas altas: imposible no trasladarse a otra época, a otro ambiente, y a la vez sentir que se está en un bar moderno, de espacios amplios, cómodos y con un techo altísimo.

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El bar se llama “Gran Galpón”, está ubicado en Cantilo n° 243 e/ 13 B y 13 C y difícilmente se pueda encontrar un lugar con esa atmósfera en La Plata. Definido como “estación de cócteles” toda su estética –con una decoración rústica, como por ejemplo el uso de botellas en las paredes- se remonta a una estación de ferrocarril de los años ’30-´40, compuesta de ladrillo, madera, hierro y grandes ventanales. Sentado en uno de los sillones de cuero que dominan un lateral, Ariel Molfino, 37 años, es el gerente general de “Gran Galpón”. También es técnico de Seguridad y Higiene aunque dice que su verdadera pasión es la gastronomía. Siente orgullo por la creación del bar que, augura, creará “un antes y un después” en la coctelería de la ciudad. Desde los 18 trabaja en la gestión de diferentes espacios, con una experiencia especial en la coordinación de un hostel de Punta del Diablo, en Uruguay.

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El dato no pasa desapercibido. Lo cuenta. “Hernán era un empleado en ese hostel, hacíamos grandes comidas para 30 o 40 huéspedes. En Punta del Diablo conoció a su actual pareja y viajó por América, le perdí el rastro. Y hace un tiempo retornó a Argentina y entonces volvimos a conversar, y ahora trabaja acá conmigo, como encargado de salón. Ésa es una historia que me hizo feliz, porque volvimos a vernos y a trabajar juntos”, dice Molfino con una sonrisa mientras enseña la nueva carta del bar, estrenada el 6 de marzo, y cuyo diseño imita un diario antiguo, los mismos que se entregaban en los trenes. Allí se cuenta: “De la búsqueda de las sensaciones inexploradas en la localidad de City Bell, surge Gran Galpón: una estación de cócteles, dispuesta a seducir a quienes estén buscando nuevos horizontes, generar experiencias singulares y romper con lo cotidiano”.

La carta expresa diferentes recorridos de tragos bajo el título “Hay un tren para cada momento”, con ejemplos tales como el tren de las 21.07 (vodka/reducción de frambuesas/exprimido de pomelo/perfume de albahaca), el de las 21.15 (vodka/néctar de sauco/té de jazmín/exprimido de lima), el de 21:50 (gin, mix de maracuyá y pimienta, jugo de lima, bitter de pepino), el de las 00.47 (gin/jugo de limón/almíbar de eucalipto/tónica) o el de la 00.59 (gin/gingerbeer de piña/menta/tónica). La nueva carta, además, apunta a platos con porciones más grandes (carnes, pastas, pescados, ensaladas) aunque el local sigue conservando su concepto de tapeo, con tacos, mini sándwiches, bocados de verduras, ravioles fritos de cordero o porciones de ternera, y una propuesta de postres que incluye brownie, crumble y hasta pavlova.

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Para Molfino, la clave es afianzar el tridente producto + servicio + ambiente. “En lo que nunca hay que dejar de trabajar es en el servicio, tenemos un excelente producto, una arquitectura increíble, si a eso le sumamos que quien nos visite viva una experiencia diferente me doy por satisfecho –remarca-. Creo que desde que abrimos logramos ser uno de los lugares donde se pueden tomar los mejores cócteles de la ciudad, acompañados de unos platos de un nivel que no se da en cualquier lado. Me siento feliz de laburar con Nicolás Erazun en la barra y con Lucas Kosak en la cocina, dos profesionales con mayúscula”. Al equipo se sumó recientemente el reconocido bartender Gonzalo Cabado, quien trabajó en bares porteños como “Franks”, “The Harrison Speakeasy”, y “Presidente”, para luego desembarcar en “Narda Comedor” como jefe de barra. Gonza Cabado, además, empezó a dar un curso de bartender en el lugar.

La música suena de fondo, por los parlantes, sin nunca invadir la conversación. Es otro concepto de “Gran Galpón”: recuperar esa vieja idea de un bar clásico, donde los encuentros a escala humana no sufran el ruido de ambiente. Molfino controla los movimientos de sus empleados, chequea que las partes funcionen correctamente. Muestra el detrás de escena: el depósito, las heladeras, la cocina. Todo luce impecable, todo es grande, magnánimo.

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“Me gusta poder participar de un lugar donde se construyan historias, relaciones, que sea un punto de encuentro de amigos, parejas, familia. En lo personal amo ser un buen anfitrion, y poder agasajar amigos y familia. Soy amante de las barras y los bodegones, y de los cócteles y los buenos vinos”, larga Molfino, quien cuenta que hasta ahora “Gran Galpón” abre de martes a domingos desde las cinco de la tarde y que pronto sumará cafetería y variedades de almuerzos.

Tomando como referencia el bar “Gran Danzón” de Capital Federal, y con la presencia inicial de Chula Barmaid, prestigiosa bartender que diseñó la carta de coctelería, Molfino dice que proyecta a mediano y largo plazo. Apostar a que un cliente tome un “Bloody Mary”, preparado por Gonzalo Cabado, -y que incluye vodka, jugo de tomate, jugo de lima, sal de apio, pimienta, salsa inglesa y tabasco – es algo que no sucede de un momento para otro. “Somos conscientes que la coctelería de autor es el camino, la coctelería está pasando por un momento de aprendizaje, y queremos que el cliente venga a arriesgar, se tome un trago con sal y vea que está buenísimo. Salirse por un momento del fernet o el Campari o cualquier aperitivo clásicos, que son tragos que uno puede armar tranquilamente en su casa. Si no, ¿qué sentido tiene?”.

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La comida se sirve en bandejas pequeñas, y los objetos que forman parte de la vajilla y la decoración parecen de colección. El personal está vestido con un uniforme marrón y negro, con delantales. En la barra, los bartenders despliegan su show: arman en vivo y en directo las combinaciones de sabores que empiezan cuando algún mozo se acerca a una mesa y pregunta, “¿qué tenés ganas de probar”?

Partir desde el deseo del visitante, según Molfino, es el principio de la exploración. Pero, una vez concretada esa práctica, la idea es trascender los gustos propios. Pasar de un taco de pollo con guacamole y salsa picante a un Martini Bianco con tónica y rodajas de lima; ir de un abadejo al vapor sobre una crema verde de langostinos a una cata de whiskys escoceses. “Hay que buscar un equilibrio entre lo que la gente te pide y lo que le ofrecemos como tránsito, que corre los límites de lo conocido. Por eso ahora incorporamos más menús tipo cena, para ampliar las posibilidades. La interpretación del público es una constante, pero nosotros no vamos a renunciar a nuestro concepto, que es el de ser un bar de cócteles de excelente calidad con una gastronomía innovadora, también de autor, donde se mezclen sabores y experiencias”, concluye Molfino, para quien la aventura recién comienza.