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La comida en la literatura infantil

De sopas, chocolates, perdices, y otros manjares que acompañaron nuestros primeros pasos como lectores.


Por: Alejandro Bidart*

Días atrás, durante una disertación que ofreció a propósito de su flamante novela “Los crímenes de Alicia”, el escritor Guillermo Martínez recordó algo que había escrito en 2013 para un blog: “en ‘Las mil y una noches’ hay mil y un banquetes, pero ninguno tan memorable como aquel en que se le presenta al rey un jabalí que adentro tiene un ciervo que adentro tiene un faisán que adentro tiene un róbalo que lleva en la boca un huevo. El rey sólo prueba el huevo y deja con displicencia el resto de la comida a sus comensales..."

La cita disparó en mí el deseo de escribir algo para TUCO, acerca de qué se comía y cuáles manjares aparecieron en los cuentos infantiles que nos iniciaron en la literatura. Allá vamos.

En principio, viene a mis recuerdos esa frase que corona muchos finales: “…y comieron perdices”. Pero, ¿es rico comer perdices? ¿Es sinónimo de dicha y felicidad? El escabeche que hacía mi madre con perdices bonaerenses era sin dudas delicioso, pero ¿era instrumento o consecuencia de la estabilidad matrimonial que había logrado junto a mi padre? Aún no he resuelto esa incógnita.

Lo cierto es que las fábulas e historias clásicas para niños cuentan con un variado menú, que muchas veces es clave para su desarrollo o desenlace. Son conocidas la casita de chocolate en la que Hansel y Gretel viven aventuras, la calabaza-carroza de Cenicienta, la manzana envenenada de Blancanieves y las galletas de Alicia.

También pueden sumarse a esta lista las frutas de la pequeña oruga glotona y la sopa de Mafalda –cuya aversión a tomarla disparaba todo tipo de reflexiones en el entrañable personaje de Quino-; la fábrica de chocolate de Willy Wonka y el contenido de la cestita de Caperucita Roja, pasando por la sopa mencionada en Ricitos de Oro -cuya merma en los platos hace entender a los ositos que hay alguien más en la casa- y las comilonas del ogro amigo de Zeralda.

En cuanto a la casa de chocolate que atrae de manera irresistible -como le pasaría a cualquier niño- a los hermanos Hansel y Gretel, y termina siendo una trampa, pensemos en la moraleja que nos mete en la cabeza: el dulce, seductor, puede hacernos mal. ¿Estaremos ante una manifestación temprana de las ideas saludables anti-obesidad?

En tiempos contemporáneos, la relación entre literatura infantil y comida se sigue consolidando, con títulos como “La Tortilla Corredora”, de Laura Herrera; “Pedro es una pizza”, de William Steig; “Hambre de ogro”, de Jean Leroy; “El rabanito que volvió”, de autor anónimo; “El estofado del lobo” y “Una cena elegante”, de Keiko Kasza; “Camilón, comilón” y “Pimienta en la cabecita” de Ana María Machado; “El higo más dulce”, de Chris Van Allsburg; “Diego y los limones mágicos”, de Verónica Uribe; “Mousse de manzana para las penas de amor”, de Janosch; “Sopa de ratón”, de Arnold Lobel; “Una sopa de piedras” de Anaïs Vaugelade; “¡Comer! Gritó el cerdito” de Jonathan London, y un clásico que muchos leímos en nuestra etapa escolar: “Mi planta de naranja-lima”, de José Mauro Vasconcelos.

“Charlie y la fábrica de chocolate”, el genial libro de Roald Dahl, merece un párrafo aparte: hay chicles que saben a una comida completa de dos platos más postre, frutos secos, y hasta una insípida sopa de repollo que todas las noches prepara la madre del protagonista afanosamente para dar de comer a toda la familia. Si viste la película de Tim Burton basada en dicha obra y no acabaste con hambre, no te creo nada.

Dejo para el final mi escena favorita de todos los cuentos infantiles: Ricitos de Oro, la niña de cabellos dorados, entra en la casa de tres osos y prueba cada una de sus sopas: una muy caliente, otra demasiado fría y otra más a su gusto. Luego de comer, se queda dormida. Es que, mal que le pese a Mafalda, la sopa es deliciosa y nos pone en un estado ideal para ir a la cama. Que tengan dulces sueños, queridos lectores.

*Ale Bidart trabaja como periodista cultural. Es conductor de "Piso 97", que se emite por FM Provincia de lunes a viernes de 9 a 13 hs.