TUCO/alacena/columna vino

Semillón: el furor de la cepa blanca

Los vinos no tintos asoman con fuerza en el mercado argentino. De ilustre desconocida a blanco de nicho, el semillón tiene un futuro prometedor. Nuestra columnista Ana Paula Arias explica por qué.


Por: Ana Paula Arias.

Para los haters de los blancos les va un dato: la revelación del mundo enófilo de los últimos años es una cepa blanca llamada semillón. Una uva que en poco tiempo pasó de hacer volumen en los vinos a granel a convertirse en la estrella del porfolio de algunas bodegas.

_blank

Ahora bien, ¿por qué se dio este fenómeno?

Nuestro país tiene una industria cárnica profundamente desarrollada y este es un dato primordial a la hora de entender el romance que tenemos los argentinos con el tinto. Razón de peso: es una cuestión de maridaje instintivo lo que dejó afuera de la mesa al vino blanco. Sin embargo, últimamente la cosa está cambiando: del consumo esporádico en verano o para acompañar un plato con pescado se pasó a un consumo más cotidiano. Y ahí aparece en escena el semillón.

Si indagamos en la historia, lo primero que aparece en la literatura es que uno de los vinos más caros del mundo es un blanco dulce compuesto en un 100% de semillón. Se llama Sauternes y es típico de la zona homónima del sur de Burdeos, Francia. Esto quiere decir que la historia del semillón es también la historia del vino de calidad. Una pista acerca del potencial que puede llegar a tener esta cepa, que contrasta con la idea que algunos consumidores tienen de los blancos en general, siempre en un lugar secundario respecto a los tintos.

_blank

Acá el semillón, sin embargo, corrió otra suerte. Confundido entre distintas cepas blancas, se usó históricamente para el corte de vinos a granel. Nadie lo conocía, y quienes lo hacían no le prestaban demasiada atención por su perfil ligero y sus aromas florales, levemente dulces. Era, en el imaginario del consumidor medio, algo parecido al Torrontés, pero menos confiable.

El rescate del semillón llegó en la última década de la mano de grandes enólogos y reconocidas bodegas. La indiscutible estirpe de la cepa y su versatilidad para elaborar vinos dulces, elegantes y secos, entusiasmó a muchos productores que, más temprano que tarde, le hicieron un lugar en el porfolio.

_blank

Para empezar a conocer este extraordinario blanco, una de las etiquetas más destacadas es Mendel Semillón, de la bodega Mendel (Paraje Altamira, Mendoza). El célebre enólogo Roberto de la Mota se puso al hombro este emprendimiento familiar y marcó a fuego su estilo en cada una de las botellas. El resultado es un blanco delicado, floral y de nariz levemente tropical con un estupendo potencial de guarda.

El enólogo Ricardo Santos, por su parte, también fue pionero en empezar a tratar a esta cepa de una manera más cuidadosa, y su versión es imperdible. El semillón de Ricardo Santos (Luján de Cuyo, Mendoza) proviene de un viñedo de 70 años de antigüedad y eso le da una untuosidad parecida a la del chardonnay. Es muy frutal, tiene buen cuerpo y es ideal para acompañar, por ejemplo, el matambre de cerdo a la parrilla.

En Río Negro, la bodega Humberto Canale hizo lo propio y versionó al semillón de un modo súper fresco y sutil. Es un estilo distinto a las etiquetas mendocinas, sobre todo por su impronta herbal, que lo acerca un poco más al estilo europeo. El uso de la barrica de roble, en efecto, le da al producto final un toque complejo. Con sushi es un maridaje fabuloso.

De ilustre desconocida a blanco de nicho, el semillón tiene un futuro prometedor. Una cepa con mucha historia que empieza a asomar con furor en el mercado argentino.