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De exilio, pobreza y nostalgia gastronómica

La novela "Aquí sólo regalan perejil", de Luis Luna Maldonado, es un verdadero desfile de comidas colombianas y catalanas acompañadas de una delicia de personajes, siempre bajo un tono humorístico que llega a cruzarse con el género policial.


Por: Alejandro Bidart*

Luis Luna Maldonado nació en Pamplona, Colombia, un pequeño poblado cercano a la frontera con Venezuela. Abilio, el protagonista de su novela "Aquí sólo regalan perejil", también. Gracias a la historia que Luna Maldonado creó, con Abilio como protagonista, el escritor ganó el Premio "Ñ BaPro-Clarín" de Novela 2017. Y bien merecido que lo tiene.

Ahora bien, ¿qué méritos tiene "Aquí sólo regalan perejil", para que decidamos ocuparnos en esta columna? Los literarios, fundamentalmente por el uso de un lenguaje nuevo, del que no se conocía su existencia. Está la historia del joven colombiano que le es narrada al dueño de un bar de Barcelona, acompañadas de una delicia de personajes, comidas, humor, trama policíaca y hasta los dolores del exilio.

¿Dijimos comidas? Ahí vamos, entonces, apuntando las muchas que se enumeran, tanto colombianas como catalanas. En una Navidad alguien cocina una Escudella, plato típico de esa celebración en Catalunya. Es una sopa poderosa con butifarra, unos tubos de pasta inmensos y otras carnes. Mientras tanto, otros personajes hacían tamales y comían capón. Acompañaban con buñuelos de harina de yuca y queso, y bebían hasta caer. "Al tamal vaporoso", dice Luna Maldonado, se le quitaban las hojas con cuidado.

En épocas de pobreza aparecían las lentejas, el arroz y la carne molida. Pasta, pasta y más pasta. Y caldo de papas con mucho cilantro para los fríos de la noche -a veces, con un poco de mejor suerte, acompañados de medallones de solomillo-. A los que estaban pálidos les decían en son de burla: "tenés cara de harina de mandioca".

En otra escena, una madre cocina para su hijo una sopa de ruyas, ideal para el frío. Y le agrega unas tajadas de plátano frito, melosas y dulces. Dos señores de "mal vivir" se citan en el Bogavant Blau barcelonés y piden un arroz caldoso al que acompañan con un vino Ribera del Duero, rojo de cereza picota, rico en matices ahumados y especiados. Otro señor se corta tres veces el mismo dedo, el mismo día, al trinchar un entrecot al roquefort.

A propósito del Bogavant Blau, el autor nos cuenta que" dicho restaurante se está quedando rezagado con tanta competencia y con tanta fusión y colisión de cocinas del mundo, con tanta esfera, con tanto hidrógeno, con tantas pinzas, con tanto quirófano con fogón..."

Cerca del final, aprendemos que la Aguapanela es una bebida que hacen con agua y con panela; agua de la canilla y panela, que es como un ladrillito cuadrado de azúcar cuando aún no es azúcar. Es oscura, del color de la miel, una bebida caliente que suelen tomar los pobres para coger fuerza y combatir el frío. Los ricos también la beben, pero les da vergüenza admitirlo.

También sabemos de la existencia de algo llamado Oliebollen, una especie de buñuelo que se come en Navidad y que tiene puntitos blancos como de azúcar glacé. Si la mano viene buena, no está nada mal abrir unas latas finas con frutos marineros y un arenque dizque.

Queda para ustedes, queridos lectores de TUCO, averiguar qué tipo de comida es un Cuchuco de Trigo con Espinazo. O probar un buen caldo con su pan ácimo y su huevo nadando, nevado de sal y cilantro. E incluso pedir en una fonda catalana un bocadillo con jamón de jabalí acompañado de una cañita.

Y dejo para el cierre, un estricto textual de la novela con el que estoy seguro coincidirán: "Nada más duro que la nostalgia gastronómica".

*Ale Bidart trabaja como periodista cultural. Es conductor de "Piso 97" , que se emite por FM Provincia de lunes a viernes de 9 a 13 hs.