TUCO/estofado/Columna Laureano Driussi

Fin de año en México

Entre el saber popular y la liturgia cristiana, la riqueza cultural mexicana se despliega en todo su esplendor en celebraciones que van desde la Virgen de Guadalupe hasta el Día de Reyes. Desde Puerto Vallarta, nuestro corresponsal Laureano Driussi nos comparte una crónica y cuenta una particular forma de festejar fin de año.



Por: Laureano Driussi
Fotos: Laureano Driussi

En la fiesta se reencuentra plenamente la dimensión sagrada de la vida, se experimenta la santidad de la existencia humana en tanto creación divina. El resto del tiempo se está siempre expuesto a olvidar lo que es fundamental: que la existencia no viene “dada” por lo que los modernos llaman “Naturaleza”, sino que es creación de los Otros, los dioses o los seres semidivinos.

Mircea Eliade

Durante los meses de diciembre y enero tiene lugar en todo México un conjunto más o menos heterogéneo de festividades, provenientes en su mayoría de Europa: la temporada de fiestas ha comenzado, todas las tiendas de Puerto Vallarta están pletóricas de uvas, manzanas, guayabas, camarones secos, larguísimas varas de canela, mole y romeritos, esos quelites deliciosos que se comen desde tiempos prehispánicos.

La retahíla de celebraciones se extiende desde el 11 de diciembre a las 18.45 hs, con la serenata popular a la Virgen de Guadalupe, hasta el 6 de enero, Día de Reyes. La convivencia del saber popular y la liturgia cristiana durante esta época del año pone de manifiesto, una vez más, la riqueza cultural de México, su identidad policroma. Antes he postulado la imagen de un caleidoscopio para describir la multiplicidad de dulces tradicionales mexicanos; por estos días, Jalisco se me figura un pavo real que despliega el abanico soberbio de su cola.

La fiesta en honor a la Virgen, con la que se inicia la serie, reúne a cientos de miles de peregrinos en la Basílica de Guadalupe, en la Ciudad de México, donde no pueden faltar las gorditas de maíz hechas en comal sobre un anafe con carbón. Le siguen las posadas, de abolengo español, que van del 16 al 24 de diciembre y evocan la peregrinación de María y José en busca de un lugar para el nacimiento del niño Jesús.

Exceptuando los ubicuos turrones de Jijona y de Alicante, las peladillas de almendra, las garrapiñadas y la fruta seca en general, la mesa navideña mexicana presenta características especiales según el estado de México en el que nos encontremos. El pavo, la pierna de cerdo con frutas, el bacalao, las tortitas de camarón y hasta el mexicanísimo pozole y los tamales se sirven indistintamente en Nochebuena y Año Nuevo. Y el 31 de diciembre, día de San Silvestre, a medianoche, mientras en Buenos Aires brindamos desaforadamente y lanzamos nuestros deseos al aire, en México se llenan la boca de uvas en señal de abundancia, una por cada campanada del reloj.

Puerto Vallarta, 31/12/2918