TUCO/estofado/La cofradía del Bonan Nokton

La cofradía del Bonan Nokton

En un rincón secreto de Tolosa hubo dos degustaciones de cerveza a cargo de un especialista. Bajo una escenografía pop, se creó una atmósfera de encuentro a escala humana, donde circularon el disfrute gastronómico y conversaciones íntimas.



Por: Redacción TUCO
Fotos: Sophia Di Girolamo

El chef y músico Lautaro Barceló dice que prefiere mantener el misterio. Que los encuentros en el Bonan Nokton, su lugar en una esquina de Tolosa, “perderían el encanto si se hacen públicos”. Es que, para entrar a este exclusivo y pequeño bar-restaurante que funciona en la planta baja de una casa, el visitante debe hacer una reserva previa, casi como si se le pidiera una contraseña no tanto en sentido de admisión como de pertenencia a un encuentro exclusivo a escala humana.

Tan sólo entrar desde la calle al Bonan para sentir un viaje hacia otra época. Con una estética pop reflejada en la iluminación, los cuadros y el sonido de fondo en los parlantes de música japonesa ochentosa, una barra es la principal protagonista y, a pocos metros, una heladera especialmente preparada con dos chopperas. En el living hay dos sillones verdes, banquetas, y una puerta corrediza conduce a un pequeño patio. Al lado de un baño hay una habitación con una pantalla en la pared: prontamente, anticipa el dueño de casa, “vamos a hacer ciclos de cine, y el primero va a hacer uno dedicado a la serie ALF”.

En el Bonan Nokton, hace unos días, se dieron dos catas a cargo de Ulises Fontana, de Laurus, en coproducción con TUCO. Dos grupos compuestos por entre 15 y 20 personas cada uno entraron al Bonan Nokton y disfrutaron de una larga degustación, en dos tiempos diferentes y en medidas tipo “chupito”. “Primero hay que mirar el color, luego oler y después saborear despaciosamente antes de dar tragos largos”, sugería el especialista.

En primer lugar, se probaron cervezas IPA, Pilsen y algunas especiales, como una negra Lager, con un sabor ligero y no tan fuerte como la de cualquier otra negra. El anfitrión Ulises Fontana, apuntes en mano, iba contando la historia de los estilos de cerveza y preguntaba a los degustadores qué tipo de sensaciones le despertaba cada sabor. “Hagamos una puesta en común, que es más divertido”, proponía y los visitantes contaban, en voz alta, el efecto producido en sus paladares.

En el medio de la degustación se hizo un descanso para probar “el especial de la casa” –como lo llama Lautaro-, una suerte de bocadillo de carne preparado con la receta de su abuela. Además, se sirvió una pinta de Laurus, rubia, fresca y suave, para acompañar la comida.

Por último, en un segundo tiempo, llegó el momento de “las belgas”. Mientras Ulises explicaba el tipo de sabores “más fuertes de un tipo de cerveza absolutamente diferente, que se toma en temperatura natural” y las maneras en que se producen y circulan por el mundo, en la barra se servían unas Antares “de guarda” especialmente conservadas en barricas de madera.

El encuentro, que había comenzado en la tardecita, se prolongó hacia la medianoche. Durante el intercambio producido por las pruebas de las cervezas, el público se fue soltando y compartiendo charlas que no sólo giraban acerca del disfrute etílico sino, también, alrededor de la música, el teatro, el cine, el barrio y la ciudad.

“Así es el Bonan: un reducto secreto, para pocos, que están tan cerca que es imposible no encuentren otros puntos en común además de la rica comida y la buena cerveza”, concluyó Lautaro Barceló, que ya prepara una nueva cata en una de las cofradías más selectas de La Plata.