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Recomendado porteño: BASA

El restaurante BASA (BASA basement and bar) está ubicado en Retiro, en el vértice de la ciudad cerca del río, y es un espacio que sirve para múltiples momentos. Las opciones son varias y la carta es igual de versátil, desde los tragos de Ludovico de Biaggi a una especialidad en entradas, sobre la base de ingredientes conocidos como berenjenas y mollejas.


Por: Candelaria Domínguez
Fotos: Candelaria Domínguez

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Lo primero que uno nota al entrar es la arquitectura y diseño moderno del lugar, una combinación sutil entre el aspecto duro de las paredes de cemento con las luces tenues, anaranjadas, y colores suaves de los sillones y mesas. Puede ser un espacio para cenar con amigos o colegas, tomarse un cocktail después del trabajo o para una cena larga con sobremesa incluida. Puede ser un lugar cómodo para un grupo grande que tenga ganas de compartir entradas de diverso tipo. Las opciones son varias y la carta es igual de versátil.

BASA abrió sus puertas en el año 2013, a cargo de Patricia Scheuer y Luis Morandi. La barra es considerada una de las mejores de la ciudad, a cargo de Ludovico de Biaggi, quien representó al país en el concurso internacional Baccardi Legacy en Berlín. Los tragos son creaciones originales de Ludovico. Se pueden ver viejos tragos conocidos con un twist distinto, como el Ron fashioned (en vez del clásico Old fashioned) y aperitivos que van muy bien con la entrada.

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De movida, dos platos totalmente diferentes: dos pancakes con tapa de pato, espinacas tibias con huevo frito de codorniz y una vinagreta de miel de caña y mostaza; y, por otro lado, uno bueno y conocido: caracú. Éste último no sólo remite a los guisos que cocinaban las abuelas, donde el caracú era el pedazo codiciado, sino además lo presentan de una forma renovada, gratinado en pan tostado con un dressing de alcaparras, perejil y limones. Las entradas en BASA tienen combinaciones únicas sobre la base de ingredientes conocidos: bejenjenas, ojo de bife, mollejas, polpettine, burrata.

El estilo mediterráneo es el que atraviesa todos los platos. Los platos principales se dividen en carnes y pastas. Un detalle: las guarniciones vienen aparte y tienen elaboración especial.

“Trabajamos con menús de estación, con pequeños productores y muchas veces las guarniciones van cambiando a medida que cambian las estaciones”, cuenta el jefe de salón.

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En ocasiones, explica, hay platos especiales que terminan quedando en la carta porque lo siguen pidiendo los clientes. Allí predominan las elaboraciones prolongadas como el pollo, que tiene una doble cocción: va primero cocinado al vacío con una temperatura constante de 52 grados y después se termina dorando en la plancha para que tenga el crocante por fuera.

Como plato principal, se sirve una pasta y un corte de carne. La pasta: lasagna de hongos, acelga, ricota, gruyere y cebollas asadas, coronada con un huevo poché que combina perfecto con la suavidad de la verdura. La carne hace honor a la cocción lenta, una ternera braseada durante nueve horas, acompañada por una crema de papas trufadas y salsa de vino tinto, con puré de batatas azucarado con crema agria de guarnición. La crema, en efecto, es fundamental: corta el dulzor del puré y al mismo tiempo balanceaba la salsa de vino tinto de la carne.

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BASA prioriza una bodega de vinos argentinos. También, que los postres tengan los sabores tradicionales. Hay desde panqueques hasta postre vigilante y flan con dulce de leche. El mejor: postre Josephine, una milhoja caramelizada rellena de una crema pastelera que semeja una nube y mucho dulce de leche. Es un pecado no comerlo.

Así es este pintoresco restaurante donde todas las opciones parecen ser posibles: uno puede pedir el combo de entrada, plato principal y postre o también puede degustar las entradas distintas que la carta ofrece, acompañándose con un cocktail en la barra. Cualquier opción estará más que bien.