TUCO/estofado/columna libro

Amélie Nothomb: Apetito, placer y excesos

La obra de la escritora de apellido belga y corazón oriental está llena de guiños a sus desmesurados apetitos y descripciones de su inquieto y ávido perfil gastronómico


Por: Alejandro Bidart*

La reciente aparición de la última novela de Amélie Nothomb, la escritora nacida en la ciudad japonesa de Kobe, aunque proveniente de una antigua familia belga, y que pasó su infancia fundamentalmente en China -uf, cuánto peregrinar-, es el punto de partida de esta nueva columna literario-gastronómica para Tuco Web.

Si bien en “Golpéate el Corazón” (París, 2017) apenas existe una referencia a la ingesta de un dulce -que remite sobre todo al pasado anoréxico de la autora- tomaremos como fuente la totalidad de la obra de Nothomb, más algunas entrevistas concedidas en los últimos tiempos, para construir un viaje hacia su mundo de mesas bien provistas y mejor regadas. ¿Me acompañan?

Ante todo, puede que alguien a esta altura me diga: “¿Vas a escribir acerca de una autora que tiene un libro llamado ‘Biografía del Hambre’ en el que, entre otras cosas, se come unos pulpos vivos que se aferran a su lengua e intentan arrancársela?” Pues sí... Y la explicación es que dicha novela es una autobiografía, y funciona como una encendida defensa del apetito. Glotonería literaria, sí. Pero también de alcohol, de chocolate y de aventuras.

Amélie Nothomb afirma que posee “un apetito absoluto”, un deseo jamás colmado, que no parece tener fin. “Soy excesiva”, ha confesado en más de una oportunidad, además de calificar al hambre como “motor de la humanidad”. Como prueba, alguna vez refirió que su sed de agua la llevaba a beber por litros hasta que se le hinchaba el estómago: “soy la campeona de todas las categorías del hambre. Tempranamente me di cuenta de que tenía más hambre que los demás. Al final, resultó ser una ventaja, porque era la que obtenía más placer”.

Nothomb y el chocolate

En “Biografía…”, la autora habla de Vanuatu, un hermoso archipiélago en el que los habitantes viven rodeados de una exuberante belleza natural que lejos de ver como un don perciben como una desgracia. ¿Acaso es posible vivir saciado y nunca pasar hambre? Eso no le ocurrirá jamás a nuestra escritora, que lo tiene siempre, especialmente si se trata de dulces. "Soy una gran fetichista del chocolate y puedo comer cantidades monstruosas”, revela: “ni siquiera hace falta que sea bueno".

Nothomb y el descubrimiento de su linaje belga

"Cierta vez descubrí el spéculoos, con su azúcar moreno, su canela y otras especias” recuerda: “el primero lo comí en China, robándolo de los productos almacenados en el garaje de casa. No sabía lo que era, pero fue mi primera experiencia consciente del placer. Y fue a través de una galleta típicamente belga... Hasta ese día, el país del que yo tenía la nacionalidad sólo era una palabra y un color en el mapa del mundo. A partir del spéculoos pasó a ser otra cosa. Sobre los sabores de la infancia se han escrito páginas importantes, basta con recordar la madalena de Proust. ¡En los alimentos hay algo que va mucho más allá de la estricta alimentación!"

Nothomb y el champagne

He dejado para el final la fascinante relación que Amélie Nothomb tiene con esta bebida. Pero antes de ir a las citas textuales, debe aclararse que gusta de beber champagne en ayunas, porque a su juicio "la comida es terrible para la bebida, la comida ensucia el acto mismo de beber".

Ahora sí, cedamos la palabra a la genial escritora que aparece fotografiada en todas las tapas de sus novelas, que escribe entre las cuatro y las ocho de la mañana, en ayunas y vestida con una especie de pijama antinuclear japonés, atuendo que “es lo único capaz de darme calor, paso mucho frío escribiendo, escribir es un ejercicio violento”, según explica.

Dice Nothomb: “¿Por qué el champagne? Porque la embriaguez que produce no se parece a ninguna otra. Cada alcohol tiene su particular nivel de pegada: el champagne es el único de los que suscitan metáforas groseras. Provoca que el alma se eleve hacia lo que debió ser la condición de hidalgo en la que esa hermosa palabra aún tenía sentido. Francia es ese mágico país en el que en cualquier bar de mala muerte pueden servirte uno bueno, cuando quieran, a la temperatura ideal”.

"Tengo tendencia a beberlo deprisa, incluso cuando es excelente. Existen peores maneras de hacerle los honores; en todo caso, nunca me ha reprochado mi entusiasmo, que no corresponde para nada a una falta de atención” se justifica: “otra de las razones por las que lo bebo de prisa es para no permitir que el elixir se caliente. Se trata, también, de no ofenderlo".

“El comunismo lo inventó un alemán y fue popularizado por los rusos, dos pueblos que aman el champagne de calidad” argumenta la escritora: “en sociedad, casi sabe mejor; cuanto más hostil es el contexto, más se convierte en un oasis. Es una sensación que no se puede tener cuando bebes en casa”.

“Alguna vez me ha pasado que retraso tanto el momento de comer que ya no soy capaz de hacerlo” señala: “también resulta exquisito desplomarse en un sofá voluptuoso. Hay que aprender a localizar de antemano el lugar en el que te vas a caer... Además de sus innumerables beneficios, el champán tiene la virtud de reconfortarme. E incluso cuando no sé por qué necesito que me reconforten, el brebaje sí lo sabe”.

Antes de despedirme, y previendo que los y las lectoras de Tuco Web puedan llegar al final de esta nota con la incertidumbre de por dónde empezar, si acaso todavía no lo hicieron, la lectura de la obra de la autora belga (pero Bidart… ¿no dijiste que era japonesa?), me permito recomendar especialmente “Cosmética del Enemigo” y “Ácido Sulfúrico”, en especial esta última, en la que intentan montar un reality show tomando como base un campo de exterminio nazi.

Hasta la próxima columna.

*Ale Bidart trabaja como periodista cultural. Es conductor de "Piso 97", que se emite por FM Provincia de lunes a viernes de 9 a 13 hs.